Me encontraba caminando por el desierto al abrigo de sus frías noches y sus ardientes días. Único lugar donde la soledad incondicional se alía con uno. Cuando uno no se espera nada, es aquí donde la paz es real.
De pronto apareció ante mí una enorme puerta de madera. Solamente eso, la puerta con su marco, nada más. Me llamó la atención, pues no era el lugar idóneo para encontrarse algo semejante. En el desierto hay oasis, beduinos, algún turista, pero lo que menos esperaba encontrar era aquella puerta. No estaba barnizada, madera simple, bien pulidaasí como rematada, sin cerrojos ni bisagras. Contaba únicamente con una manilla de metalforjado. Pensé que quizás detrás de la puerta hubiera algo más, quizás al abrirla encontrara ante mí algo desconocido, como otra dimensión, algún tesoro, pero al rodearla.. nada, simplemente el otro lado de la puerta.
Cuando menos se esperaba algo es cuando aparece. ¡Qué suerte!, pensé. ¡Sin buscarlo!. Me daba miedo llamar, así que me acerqué despacio a ella y la acaricié por miedo a estropearla. Me seguía llamando poderosamente la atención. Tras una breve pausa de reflexión decidí que lo mejor sería llamarla por su nombrepero claro, las puertas no tienen nombre, así que como tampoco había timbre alguno, utilicé mis nudillos para levemente llamar su atención. Fue en vano, la puerta no se abría. Volví a llamr con un pelín más de fuerza, pero parecía que seguía durmiendo, o eso pensé yo. Volví a insistir, el golpe fuemás fuerte así como intenso. Noté como si la puerta se percatase por fin de mi presencia y fijara su vista en mí, pero no se abriá. De nuevo llamé y vi cómo ella seguía mirandome sin decir nada. No tenía claro seguir insistiendo porque a su vez también tenía algo de miedo, ....................
Continuará........